Aprende a gestionar las rabietas de tus hijos y acabarás con ellas


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La rabieta es uno de los comportamientos más comunes en los niños. Aparecen en torno a los dos años de edad y se pueden prolongar hasta la adolescencia. El motivo no es otro que ¡su incapacidad a la hora de manejar sus emociones! Está en la mano de madres y padres acabar con ellas. ¡Siguiendo unas pautas no es tan difícil como parece!

Martes a la salida del cole. Paula quiere quedarse a jugar en el parque con sus amigas, pero Ana, su madre, le dice que hoy no será posible porque tiene que llegar pronto a casa y solucionar unos asuntos. ¿Respuesta? Rabieta. Paula llora desconsolada, se enfada, patalea y no hay quién la calme.

Jueves por la noche. Juan y Luisa mandan a su hijo Álvaro a la cama. Él les pide quedarse un rato más. Se lo conceden. Solo diez minutos más y después tendrá que irse a dormir, al día siguiente hay que madrugar. Diez minutos después le recuerdan que ya ha llegado la hora de irse a la cama. ¿Respuesta? Rabieta. Álvaro se queda anclado en el sofá mientras llora, aprieta los puños y lanza patadas cuando sus padres intentan llevarle prácticamente a rastras a su habitación.

En ambos niños se repite un patrón de comportamiento: cuando algo no sale cómo desean o esperan, se frustran y se enfadan. La rabieta es simplemente la expresión de esta emoción.

La buena noticia es que, bien manejadas, podemos conseguir acabar con ellas. ¿La mala? Si no lo hacemos, estos lloros y pataleos pueden desembocar en gritos o comentarios soeces a medida que van creciendo.

Seguramente, en medio de estas rabietas, muchos padres se bloqueen e incluso puedan llegar a sentir vergüenza si el niño está teniendo este comportamiento delante de otras personas, como es el caso de Paula, que actúa así a la salida del colegio. Sin embargo, de ellos depende que este comportamiento deje de producirse.

 

La solución pasa por aplicar la técnica de extinción

Esta técnica parte del principio teórico de que cualquier conducta que aparezca con cierta periodicidad, lo hace porque está siendo reforzada o premiada de algún modo. Consiste, por tanto, en establecer las condiciones necesarias para que esos reforzadores dejen de estar presentes cada vez que aparezca la conducta desadaptada. En los casos de Paula y Álvaro, descritos al principio del texto, la técnica de extinción pasaría por, en ningún caso, ceder a sus requerimientos (ir al parque a jugar en lugar de ir a casa o dejar que siga viendo la televisión en lugar de acostarse). De este modo la rabieta no le habrá servido para nada.

Pero la solución al problema de las rabietas no termina ahí. Hay dos pautas más que deberíamos seguir si queremos acabar con ellas:

  • No prestarle ninguna atención mientras esté pataleando o llorando desconsolado. La atención se la devolveremos cuando se comporte adecuadamente. Así estaremos penalizando su conducta y reforzando una positiva.
  • Hablar con el resto de su entorno para que ante estas rabietas se comporte del mismo modo que lo vas a hacer tú. De esta forma será mucho más fácil acabar con ellas.

 

En cambio, hay que evitar por todos los medios caer en dos errores bastante comunes:

  • No es adecuado castigarles. Que lloren de esa manera es solo una expresión de lo que están sintiendo en ese momento. El mensaje que les estaríamos haciendo llegar es que no nos interesa cómo se sienten, y no es ese. El mensaje es que no nos interesa mientras lo exprese de esa forma.
  • No deberíamos tampoco intentar calmarles. Pues nos utilizarían para conseguirlo y no es esto lo que queremos. Lo realmente importante es enseñarles a que sean ellos mismos los que controlen sus emociones.

 

Puntos a tener en cuenta

  • El tiempo de desaparición de la conducta problema dependerá del tiempo que llevemos reforzándola. Cuanto más haya sido reforzada, más lento será el proceso de extinción.
  • Es también muy importante ser conscientes de que la aplicación de la extinción produce habitualmente en los primeros momentos, un incremento en la frecuencia e intensidad de la conducta que queremos eliminar. No te desanimes.
  • El éxito dependerá en gran parte de nuestra capacidad de autocontrol. Si a veces logramos cumplir con la técnica de extinción y en otras ocasiones en cambio, nos cuesta más y acabamos cediendo ante sus rabietas, las estaremos reforzando.

 

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One comment
  1. Raquel

    1 septiembre, 2017 at 6:39 pm

    Respecto a la técnica de la extinción tengo una duda. por una lado nos dicen que en las rabietas debemos intentar empatizar con ellos, con sus emociones y ayudarlas a expresarlas pero con esta técnica creo que es difícil acompañarles emocionalmente en ese moemto… cómo lo hacemos, entonces?

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