¿Cómo podemos padres y madres educar para amar la vida?


hermanos Annie Spratt peque

¿Cómo podemos padres y madres educar para amar la vida?

Hablamos con Eva Bach, autora de Educar per estimar la vida (Educar para amar la vida, la versión en castellano se publicará este verano) sobre cómo podemos ayudar a nuestros hijos a apostar por la vida frente a supuestos retos que nos están alarmando, como la Ballena Azul. Y su respuesta es muy clara: Pide que “seamos cautos al hablar de este juego”. Resalta que deberíamos “preocuparnos por que haya chicos que en esta etapa del despertar a la vida que es la adolescencia decidan o sean arrastrados a quitarse la vida” y por los datos de UNICEF que afirman que “las tasas de depresión y ansiedad entre adolescentes han aumentado en 70% en los últimos 70 años”. Para Eva, nuestra principal misión en este contexto es “amar a nuestros hijos, en escucharles, observarles, comprenderles y orientarles, en contagiarles amor a la vida”. Con una serie de preguntas a los padres, madres y educadores, Eva Bach nos invita a reflexionar sobre cómo podemos transmitir ese amor a la vida.   

Sobre el supuesto reto de la Ballena Azul”.

Debemos ser cautos porque al parecer estamos hablando de una “presunta” relación entre dicho juego y algunos de los suicidios adolescentes acaecidos en Rusia y en algunos otros países de Asia Central. Por las fuentes que he podido consultar, no hay pruebas determinantes que establezcan una relación de causa-efecto clara y directa entre ambos factores.

Why-Are-You-Sad001Lo que nos tiene que preocupar de verdad no es el juego ni las redes. Lo que nos tiene que preocupar y sobre todo ocupar es que haya chicos/as que en la etapa maravillosa del despertar a la vida que es la adolescencia decidan quitarse la vida o sean arrastrados a quitársela. Al margen de denunciar y combatir lo que haya que combatir, nuestros desvelos como educadores tienen que dirigirse principalmente a promover la autoestima, la alegría y el amor a la vida, para que ningún chico/a se deje engañar ni manipular por nadie y no pueda ser víctima de ningún tipo de barbaridad que lo conduzca a la muerte o al sufrimiento. Pero recalco que la culpa no es de los juegos. Tenemos tendencia a buscar culpables y a señalar siempre hacia afuera, y la mayoría de las veces no sirve de nada. Sí es cierto que lo oscuro nos engancha muy fácilmente y nos enganchamos a hablar de ello de tal manera que creamos más oscuridad y confusión aún. Esto sí que nos tiene que preocupar, no ver claro

Tampoco sería justo culpar a los padres, a la educación y sociedad actual, ni mucho menos a los propios chicos, y quedarnos tan anchos. Que un hijo se suicide ya es bastante doloroso como para que encima carguemos a los padres con culpas”.

Sobre la situación de la salud mental y emocional en la adolescencia

Las tasas de depresión y ansiedad entre adolescentes, que, según datos de UNICEF, han aumentado en 70% en los últimos 70 años, son otro dato que lo corrobora y que nos tiene que hacer pensar. Está poniendo de manifiesto que muchas veces no logramos que niños y adolescentes amen la vida.  No hay mejor prevención ante datos como estos y ante un hecho tan doloroso como el suicidio, ni tampoco mejor promoción de la salud emocional, que trabajar para que la alegría y el amor a la vida sean el verdadero motor de la vida y de la educación. Y para ello nosotros tenemos que vibrar internamente con ellos, tenemos que cuidar de nuestra propia salud emocional y crecimiento personal para que así sea.

¿Cómo podemos transmitir amor por la vida padres, madres y profesores?

“Creo que no hay mejor forma de transmitir alegría de ser y amor a la vida a nuestros hijos que amando profundamente a nuestros hijos y amando profundamente la vida y poner corazón a las palabras y a los gestos para llenar de belleza cada pequeño instante de vida y cada interacción. Invito a los padres y maestros a formularnos algunas preguntas y reflexiones sobre nuestras, actitudes vitales y educativas, extraídas de mi libro Educar per estimar la vida:

  • ¿Sabemos transmitir a nuestros hijos de maneras suficientemente explícitas y saludables nuestro amor y hacerles sentir válidos, capaces, reconocidos, merecedores de una buena vida, importantes para nosotros y para el mundo? ¿Les estamos transmitiendo que son un regalo en nuestras vidas y que pueden contar con nosotros y con nuestro amor incondicional? Nuestra misión como padres y madres es doble: dar a luz a nuestros hijos y darles luz para la vida (dar luz a su propia luz). Por eso tenemos que preguntarnos también si sabemos alimentar, custodiar y hacer brillar su llama interior.
  • ¿Cómo vemos la vida, como un regalo o como una carga? Porque si de alguna manera les damos a entender a nuestros chicos que la vida es una fatalidad que hay que sobrellevar como podamos y perciben en nosotros un halo de decepción y desesperanza, entonces ¿cómo vamos a contagiarles ganas de vivir? ¿Cómo podemos pretender que se motiven ellos?
  • ¿Estamos nosotros, padres y maestros, enamorados de la vida o nos hemos desencantado de ella? ¿Con qué emociones de fondo vibra nuestra alma? ¿Con la rabia, la tristeza, el miedo… o con el amor y la alegría de ser y de vivir?
  • ¿Es posible que en nuestra familia o en nuestra vida ocurriera algo que rompió la confianza en nosotros mismos, en los otros y/o en la vida misma? ¿Algo que nos hiriera, nos enojara o nos atemorizara profundamente y nos apeara de la vida o nos dejara internamente indispuestos con ella? ¿Algo que congelara, endureciera, cerrara, rompiera o atrofiara nuestro corazón?
  • ¿Hemos logrado superar y trascender con lucidez y con cierta sabiduría nuestros duelos, pérdidas, desengaños y frustraciones, aprender algo de ellos y/o madurar a través de ellos, y reenamorarnos de nuevo de la vida?
  • ¿Estamos transmitiendo realmente a los niños y adolescentes que la vida es bonita, que es un gran regalo que hay que cuidar y que vale la pena a pesar de las penas?
  • Y una de las más importantes si no fuera así: ¿Qué nos puede empujar de nuevo a la alegría cuando la vida nos ha herido o nos ha decepcionado profundamente? ¿Qué hace falta en nuestra familia o en nuestra escuela para que la vida y la alegría resplandezcan e impregnen nuestro propio corazón y el de los niños y adolescentes?”.

Para Eva,  hay “4 claves para estar en sintonía profunda con la alegría y con la vida, las explico, las fundamento y las ejemplifico una por una. No me extiendo en ello en este caso, pero te las nombro:

  • Conexión con el ser interno
  • Conexión con nuestras raíces familiares y campo emocional familiar
  • Conexión con la naturaleza, la Tierra y el cosmos
  • Conexión con la muerte, como gran aliada de la vida”. 

¿Cómo podemos reaccionar ante los supuestos casos que se conocen en los medios de comunicación?

Eva Bach nos invita a estar informados y atentos, tanto los padres como la comunidad educativa y sociedad en general, pero con mucho tacto y delicadeza, evitando caer en lo escabroso, morboso y sensacionalista, evitando contribuir a promocionar sin querer el juego y sus macabros métodos”. Apuesta además por “estar presentes y disponibles los padres en las vidas de nuestros hijos adolescentes, con el propósito principal kyke broad chica tristede velar por el tesoro que son ellos y sus vidas. Tenemos que observar y escuchar mucho y establecer nuevas formas de relación y diálogo que abran los corazones y que sean aceptadas por ellos. A veces en esta etapa puede parecer que no les hagamos falta, pero nos siguen necesitando igual. Necesitan encontrar adultos que los acojan y, desde el respeto, el cariño, la firmeza, la ternura y la sabiduría, les ayuden a distinguir lo que les hace bien de lo que no. Adultos que les vayamos confiriendo progresivamente más autonomía, pero que sigamos a su lado simplemente porque los amamos y nos importan, no solo por nuestra responsabilidad educativa, sino básicamente por el goce de acompañarles, por el amor y la alegría de verlos crecer y encaminarse a buen puerto”.

El juego Ballena Rosa, denominado antídoto de la Ballena Azul

Nos dice Eva: “Creo que amar la vida es algo que no se consigue con un juego, del mismo modo que dije que tampoco un juego me parecía el culpable o responsable principal de un suicidio. Si damos tanto poder a los juegos (uno te llevará a morir, el otro a amar la vida), estamos certificando en alguna medida nuestra propia incapacidad o nuestra renuncia a educar desde la interacción el contacto humano directo con nuestro hijos y alumnos, desde el ser, estar, irradiar, contagiar, dialogar, compartir…

La ballena rosa, bien explicada y utilizada, puede funcionar como una buena metáfora en contextos y situaciones desesperadas donde su reverso haga mella, a modo de contrapeso, para favorecer el “yo me apunto al rosa”, es decir “solamente a la vida y a todo lo que apuesta por la vida y va a su favor”. Metáforas y lemas son un tipo de lenguaje que ayuda mucho a educar en la adolescencia, los adolescentes los suelen recibir bien normalmente porque lo toman como una consigna de grupo.

family-286229_1280Mi mensaje a padres y educadores es “no deleguemos”, a un juego ni a nada, lo que nos corresponde a nosotros. Nada puede ni tiene que sustituir nuestra tarea como educadores y esta tarea consiste principalmente en amar a nuestros hijos, en escucharles, observarles, comprenderles y orientarles, en contagiarles amor a la vida, en ayudarles a encontrar sentido, en crear cada día pequeños y bellos instantes de vida que hagan la vida bella y digna de ser amada.

Dejemos a un lado las pantallas, todos, los padres también (hace días leía que en Reino Unido, 1 de cada 3 niños ha pedido a sus padres que dejen de mirar el móvil), apaguemos los artilugios, encendamos el hogar interior y pongamos en marcha los corazones, miremos a nuestros hijos a los ojos, hablemos con ellos de nosotros, de ellos y de los sentimientos entre nosotros, abracémosles, digámonos cosas bonitas y que les hagan la vida bonita”.


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