¿Cómo son las madres y padres de ahora?  ¿Mejores o peores que los de antes?  


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¿Cómo son las madres y padres de ahora?  ¿Mejores o peores que los de antes?

Leo Farache, director de Gestionando hijos, reflexiona sobre las críticas que solemos proferir a nuestros padres por sus errores como educadores, unas críticas que de algún modo no dejan ver alabanzas y la gratitud a los padres que hemos tenido. “Propongo que los hijos que ahora somos padres seamos respetuosos, cariñosos, que aceptemos y queramos incondicionalmente por siempre a nuestros padres, seamos condescendientes con sus errores, generosos con sus aciertos y hagamos público todo lo bueno que ellos han hecho por nosotros allá donde vayamos y sobre todo delante de nuestros hijos”.

En algunas de las entrevistas o debates en los que tengo oportunidad de participar se  pregunta sobre la evolución de las madres y padres en la sociedad, ¿somos mejores o peores que antes? La pregunta viene, a veces, acompañada de alguna crítica relacionada con la pérdida de valores, la sobreprotección, el acoso escolar, aspectos en los que, indudablemente, los padres[1] tenemos mucho que decir.

Suelo responder que es muy difícil, o al menos lo es para mí, hacer un análisis tan general de un colectivo tan grande pero que sí puedo aportar algunas certezas. Una de ellas es que hay más conciencia de que además de progenitores somos educadores de nuestros hijos y que muchas personas transforman ese interés en un valor para ellos mismos en forma de felicidad, ilusión y seguramente también en valor para sus hijos en forma de buena educación. Y otra certeza es que entre ese colectivo cada vez más numeroso de madres y padres educativamente conscientes hay un grupo muy significativo que ha transformado esa conciencia educativa en preocupación, estrés, un sinvivir que es posible que nada tenga de bueno para los padres, los hijos ni su entorno (profesores incluidos)

Uno defiende – es lo más normal – al grupo al que pertenece. Si eres de un partido político, de un equipo de fútbol, de un pueblo, de un color, religión o sexo…., edad, profesión o empresa, da igual. Lo normal es que defiendas al grupo al que perteneces. Sea con rigor o con chistes. A modo de ejemplo, los hombres solemos contar chistes de mujeres y  viceversa. Los que tenemos cincuenta criticamos la osadía e inexperiencia de los jóvenes de treinta y los de treinta acusan a los de cincuenta de inmovilismo, costumbres y conocimientos anticuados.

También es bastante corriente criticar a los de tu grupo si  has visto o padecido comportamientos que no te agradan, aunque sigas – quizás porque no te queda más remedio – perteneciendo a ese mismo colectivo. Así, es normal que un taxista defienda a los de su gremio de forma generalizada con la misma fuerza que critica a aquellos que con su comportamiento denigran la profesión dándole la razón a aquellos que la critican.

La mayoría de los que leemos y participamos en Gestionando hijos pertenecemos al grupo de madres y padres o eso es lo que el contenido de este espacio y la lógica confiere. Así pues, quizás nos toque defender a nuestro colectivo J

Emociona ver, escuchar, leer elogios sobre sus padres a personas que el mundo entero admira. Barack Obama dice de sus padres que le dieron un amor inverosímil, he escuchado una canción preciosa de Bruno Mars que le canta de pequeño a su madre (“I love you mom”) y una entrevista en la que habla con pasión de su padre. Leer cómo los padres de Gasol acompañaban a su hijo en sus entrenamientos en la precoz aventura americana es emocionante.

En cambio, es mucho más noticiable los que hablan mal y se pelean con sus padres. Si en el buscador  Google tecleas “famosos que hablan bien de sus padres” te vas a encontrar que en los primeros resultados se ve: “famosos que odian a sus padres”, “ranking de famosos y el mal rollo con sus padres”…. Alentador, ¿verdad?

Si lo pones en inglés (“famous people that praise their parents”) encontrarás un batiburrillo de resultados relacionados con famosos que son más famosos que sus padres, que ya lo eran, famosos que eligieron profesiones que sus padres desaprobaban.

Me gusta recordar a mis padres, ambos fallecidos, por los buenos mensajes que me trasladaron, por su amor, porque se ocupaban y preocupaban por mí. Claro que no fueron unos padres perfectos. Nadie lo es. Me educaron con toda su buena voluntad. Un día antes de morir mi madre me decía que se arrepentía de haber sido demasiado dura conmigo de pequeño (cuando falleció yo tenía 52 años). Le dije, lo que sentía, “has sido y eres maravillosa”.

El otro día caí enfermo de gripe y tuve oportunidad de meterme una dosis extraordinaria de televisión. Un concursante de “Ahora caigo” , un programa que presenta Arturo Valls en Antena 3 repetía de forma insistente que quería llegar a conseguir un premio porque su padre no le había animado a ir y quería demostrarle que él podía. Hizo ver que su padre siempre se había caracterizado por desmotivarle. El concursante rondaba los treinta y cinco años.

El otro día leí que un artista recriminaba públicamente – en un periódico-  a su padre por haberle dicho que estudiara una carrera “de provecho” en vez de dedicarse al arte, que es lo que él sentía correr por su venas. El artista frisa los cincuenta.

Yo también cometí el lamentable error de escribir de forma pública una queja relacionada con la educación que recibí de mis padres (concretamente de mi padre)

Los padres habrán visto la televisión, leído el artículo o en mi caso un libro (mi padre ya había fallecido pero mi madre se sintió muy dolida). No es un buen detalle, en tan innecesario como necio.

Propongo que los hijos que ahora somos padres seamos respetuosos, cariñosos, que aceptemos y queramos incondicionalmente por siempre a nuestros padres, seamos condescendientes con sus errores, generosos con sus aciertos y hagamos público todo lo bueno que ellos han hecho por nosotros allá donde vayamos y sobre todo delante de nuestros hijos.

Sé que algunos padres no merecen ni el respeto, ni el cariño, ni el amor, quizás algo de perdón y comprensión será suficiente.

[1] Utilizo indistintamente madres y padres o solo padres para referirme a las madres y padres. No tengo claro que es mejor , ni creo que sea importante (aunque hay personas que sí lo creen y por eso escribo esta nota)

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