Desmontando mitos educativos


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Existen falsas creencias en educación que nos han acompañado durante años y que aún hoy siguen estando en el imaginario cultural de muchos de nosotros. 7 expertos en neuroeducación (Anna Forés, José Ramón Gamo, Jesús C. Guillén, Teresa Hernández, Marta Ligioiz, Félix Pardo y Carme Trinidad), todos profesores de la Universidad de Barcelona, han querido desmontarlas en un libro: “Neuromitos en educación: el aprendizaje desde la neurociencia”. ¡Empezamos con el desmontaje!

NEUROMITO NÚMERO 1: El ejercicio físico es un elemento secundario en la educación debido a su mínima incidencia en el aprendizaje.

Quizá es esta falsa creencia la que ha provocado que la asignatura de educación física haya sido relegada a un segundo plano en los planes de estudio. Y es que, aunque nadie duda de que la práctica deportiva repercute de manera positiva en nuestra salud: mejora el sistema cardiovascular y el inmunitario, reduce la obesidad, regula los niveles de azúcar y fortalece los huesos; nunca se han valorado sus beneficios en nuestro cerebro (más allá de que mejora el estado de ánimo y reduce el estrés).

Las últimas investigaciones en neurociencia han demostrado que la actividad física genera una serie de neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, que mejoran el estado de alerta, la atención y la motivación, factores que son imprescindibles para que se dé el aprendizaje.

En un estudio en el que intervinieron jóvenes deportistas de entre 20 y 30 años, se encontraron que los qué tras someterles a una carrera de tan solo 3 minutos, aprendían palabras un 20% más rápido que aquellos que, en lugar de correr, se habían quedado sentados.

En otro estudio, en el que participaron más de un millón de suecos, se comprobó que aquellos que a los 18 años tenían mayor resistencia cardiovascular obtuvieron mejores resultados en pruebas de inteligencia general, de lógica o verbales.

En un intento de los investigadores por aproximar estas pruebas a las aulas, se realizaron una serie de test relacionados con la comprensión lectora, la ortografía y la aritmética. Efectivamente, en todos los casos se obtuvieron mejores resultados en la sesión que siguió al ejercicio, en especial en los test de comprensión lectora.

Conclusión: los estudios analizados sugieren que no es una buena idea erradicar o reducir los horarios de las clases de educación física, tal como se ha hecho en muchas escuelas con el objetivo de dedicar ese tiempo a estudiar otras materias y así reforzarlas, por considerarlas más importantes.

Además, los beneficios de la actividad física, útiles para cualquier alumno, son especialmente efectivos para aquellos alumnos que sufren TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad) o son extremadamente inquietos y se distraen con facilidad.

NEUROMITO NÚMERO 2: Cuantas más horas pasen los alumnos en la escuela, más aprenderán.

¿Hay alguna evidencia que nos lleve a pensar que cuantas más horas estén los niños y los jóvenes en la escuela más y mejor aprenden? Ciertamente, los últimos estudios demuestran una relación inversa. En este caso también se cumple la máxima: “menos es más” y lo demuestra el hecho de que tanto en Finlandia como en Corea del Sur (dos de los países con sistemas educativos que mejor puntúan en evaluaciones internacionales), los profesores imparten menos horas de clase al año que la mayoría de los países de la OCDE.

De hecho, España se encuentra entre los países con mayor carga horaria y sin embargo, a pesar de que dedica más tiempo a las clases que la mayoría de países de la UE, no obtiene los mejores resultados en estas evaluaciones.

En el libro, los expertos recogen el testimonio de Ismael Sanz, director del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) de España, quién explica que “en educación no se trata tanto de cantidad, sino de calidad de tiempo”.

¿Qué ocurre en el caso de Finlandia, el país que mayor puntuación obtiene en el informe PISA (estudio que mide a nivel mundial el nivel académico de los países de la OCDE)? La premisa del sistema finlandés, según nos cuenta Javier Melgarejo, investigador al que también mencionan en este libro y que realizó su tesis doctoral sobre el sistema educativo finlandés, es la siguiente: “sus hijos son su bien más preciado, el tesoro nacional. Por tanto, ejercer de maestro en Finlandia es exclusivo de los mejores y por tanto, las exigencias para entrar a estudiar esta carrera son muy altas”. Además, en este país, no se satura a los niños con tareas escolares, algo muy común en el nuestro. El aprendizaje se realiza dentro del aula y “para ello el énfasis debe ponerse en la aptitud del profesor. Aunque los estudiantes pasan menos tiempo estudiando, obtienen mejores resultados” afirma Melgarejo.

NEUROMITO NÚMERO 3: La educación demanda seriedad y trabajo duro, pues esto facilita el aprendizaje de forma más eficiente. 

“La letra con sangre entra” es una de las frases más pronunciadas cuando se habla de educación. Detrás de ella encontramos la idea de que el castigo y la férrea disciplina son un buen método educativo. También han primado metodologías en las que la seriedad, la lógica y la memoria eran elementos fundamentales, evitando la creatividad, la expresión emocional o lo novedoso. Sin embargo, diferentes investigaciones han demostrado que cuando las tareas se plantean de forma novedosa, lúdica y divertida los estudiantes las emprenden con mayor motivación y eficacia. El motivo es que el hipocampo se activa inmediatamente ante lo nuevo y envía información hacia áreas productoras de dopamina que mejoran la memoria y el aprendizaje. Cuando en cambio, solo aparecen elementos conocidos, la actividad es mínima, lo que repercute en la atención y la motivación. Sería por tanto más efectivo iniciar la clase introduciendo alguna materia nueva en lugar de repasando lo aprendido el día anterior, que podríamos dejar para más adelante, cuando ya hayamos conseguido captar la atención de nuestros alumnos.

Parece obvio que en las clases sería muy útil aportar novedad, intriga, elementos sorpresa, ilusión, e incluso actividades lúdicas para evitar caer precisamente en la seriedad que solo puede llevar a nuestros alumnos al aburrimiento y por tanto a la falta de motivación, con las consecuencias que esto tiene sobre el aprendizaje.

NEUROMITO NÚMERO 4: Utilizamos solo el 10% de nuestro cerebro

Es muy probable que hayamos escuchado o incluso leído este mito en diferentes ocasiones y que incluso, nosotros mismos lo hayamos reproducido, pero…¿nos hemos ocupado de contrastarlo? Los autores de este libro sí y en él también lo desmontan.

Este mito nos ha permitido hacernos preguntas tales como: si solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro, ¿qué pasaría si utilizásemos el otro 90?, ¿los genios utilizan más de ese 10%?, ¿el hombre, con el paso de los años, evolucionará y llegará a utilizar una mayor parte y por tanto será mucho más inteligente de lo que somos hoy día?

Sin embargo, la resonancia magnética funcional ha demostrado que solo cuando se ha sufrido una lesión cerebral se observan áreas del cerebro inactivas. También se ha demostrado, que incluso cuando dormimos todas las partes de nuestro cuerpo presentan algún nivel de actividad, lo cual sería imposible si solo utilizáramos el 10% de nuestro cerebro.

Conclusión: la neurociencia ha demostrado que en la realización de las tareas utilizamos el 100% de nuestro cerebro, lo que nos queda por delante es aprender con él. Mayor aprendizaje dependerá exclusivamente de que activemos los circuitos idóneos.

Desmontar estos mitos contribuye a la construcción de entornos y métodos educativos más eficaces para nuestros hijos e hijas. Si quieres conocer más, no te pierdas los ocho restantes que encontrarás en el libro : “Neuromitos en educación: el aprendizaje desde la neurociencia” (editado por Plataforma Actual).

Imagen de portada: J.J Thompson/Unsplash

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