Entrevista a Raúl Bermejo: “No creo que se dedique el tiempo suficiente para dialogar con los alumnos”


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Entrevista a Raúl Bermejo: “Si tú no dialogas con tus alumnos ¿cómo los conoces? No creo que se dedique el tiempo suficiente para dialogar con ellos”

Raúl Bermejo es maestro y autor de Ser maestro. Él mismo afirma que es un docente inconformista y defiende la importancia del diálogo con sus alumnos por encima de las fichas o las caritas sonrientes o tristes en la mano.  Tanto en este libro como en la red, su objetivo es ofrecer los conocimientos y técnicas que utiliza en su día a día con los niños, con el ánimo de ayudar a otros docentes que quieran cambiar su manera de trabajar pero no sepan cómo hacerlo, así como de inspirar a padres y madres que deseen estimular la creatividad de sus hijos y dar rienda suelta a su talento, lo cual –sostiene el autor– es precisamente el objetivo de todo buen maestro. Hablamos con Raúl sobre el Pacto por la educación en equipo y sobre el papel del maestro y las familias en la educación de los niños.

¿Cuál crees que debería ser el papel de la familia en la escuela?

Obviamente tienen que tener un papel principal, ya no solo a nivel de saber o de tener ese contacto con los docentes, sino el poder colaborar en la escuela. En el momento en que haya una buena coordinación entre la escuela y familia la educación de los niños va mucho mejor. Si no hay una buena conciliación entre el maestro y la familia, el niño a veces o no entiende o no respeta al docente o no llega a entender muchas veces a sus padres. Tenemos que ir todos por el mismo camino. Una familia que está desconectada del centro en el que va su hijo no va a saber muchas cosas incluso de cómo es su hijo, porque los niños no se comportan de la misma manera según donde estén, como los adultos. Yo no me comporto igual contigo, que nos acabamos de conocer, que con mi pareja.

¿Crees que ahora mismo está representada la familia actual?

Creo que poco a poco se va consiguiendo, pero sigue habiendo gente que se siente como más reacia. El profesor se piensa que parece que se van a meter en tu trabajo. Yo sí he organizado talleres con mis veintisiete familias y no sentía que me invadían porque yo lo provocaba, yo lo quería. Es muy importante entender que los docentes somos personas y las personas cometen errores, pero nunca vas a ir en contra de tus alumnos. Todo lo contrario, un docente siempre va a ir a favor de sus alumnos y ofrecer lo mejor para que ellos se puedan desarrollar como personas. En el momento en que las familias son conscientes de que para ti, como profesor, lo más importante es sus hijos, no te van a echar en cara los errores que cometas. Yo quería que me vieran en acción, que entendieran lo que yo estaba haciendo en el aula. Ha sido mi forma de buscar el apoyo y de demostrar que hay cosas que se pueden cambiar.

En una ocasión te pusiste una diadema. ¿Por qué?

Fue una situación que no me gustó pero a los niños hay que enseñarles. Una de mis alumnas siempre venía con diademas y un día un compañero se la pidió, tenía mucha curiosidad  y otros compañeros se burlaron. Ahí es donde te planteas muchas cosas: ¿A qué hay que dedicar más tiempo: a estar sentado haciendo un libro de texto o educar en valores, enseñar el respeto a los demás, saber que todos somos distintos, con sus gustos? De eso deberían ser conscientes los niños desde muy pequeños. Se necesita tiempo para trabajarlo, porque la empatía es una habilidad que se desarrolla con el tiempo y es una de las últimas que los niños adquieren. Por eso me puse una diadema todo el día para normalizar la situación. Y me decían que era una niña y yo contestaba que era un niño con diadema. Y luego nos poníamos pelucas, narices de payaso, para decir que no pasa nada por lo que nos pongamos mientras no nos falte el respeto a las personas.

¿Y dónde se educa en valores? ¿En la escuela, en casa?

Obviamente se educa en los dos sitios. Muchas veces se piensa que si lo haces en el colegio y en casa no se apoya no sirve para nada. Yo pienso que lo que pueda aportar a mis alumnos, pues eso que se llevan, independientemente de que los padres te apoyen. Si tú no aprendes un respeto, una solidaridad, una cooperación en casa, ¿qué quieres que sea tu hijo el día de mañana?

En tu libro, apuestas por seguir con las asambleas en Primaria. ¿Por qué?

La asamblea es una rutina que practican todos los profesores de Infantil pero yo siempre digo que se debería prolongar a Primaria, porque siempre tendemos a hacer de Infantil una pre-Primaria. Pero hay algo que se nos olvida, y es que cuando pasan a Primero de Primaria han pasado dos meses, no ha pasado un año. Llegan a Primaria y el cambio es muy importante. Y soy partidario de alargar la asamblea porque es un momento para dialogar con tus alumnos. Si tú no dialogas con tus alumnos ¿cómo los conoces? No creo que se dedique el tiempo suficiente para dialogar con ellos. Es más importante el tener la asamblea para mantener conversaciones, contar lo que hemos hecho el día anterior, con quién has estado, a qué has jugado que enseñar los días de la semana.

¿Crees que la asamblea aportaría beneficios al diálogo entre familias y profesores? ¿Deberíamos llevarlas a cabo?

Deberíamos hablar más, para entendernos. Con tu pareja o con tus amigos hablas cuando tienes problemas, dialogas para solucionarlos. Somos personas y cada uno tenemos nuestra forma de ver las cosas, pero no dejas de quererte aunque discutas. Son tantos años y tantas horas acompañando a los niños, que el diálogo es fundamental. Por eso existen las escuelas de padres muchas veces. Pero se debería crear de una manera con más feedback, no como una escuela de padres en la que sea el maestro quien hable, en la que se dé contenido, sino un diálogo realista, porque todos cometemos errores, tanto docentes como padres, por tiempo, por cansancio, por estrés… Pegas gritos cuando no los tienes que pegar, actúas de una manera que no tienes por qué… Parece a veces que si un niño no te hace caso para seguir una rutina ya se está portando mal. Pero es que ese niño no está faltando el respeto a nadie, no está pegando ni insultando.

¿Tú alguna vez te has sentido al margen del proyecto en algún centro?

Yo lo llamo inconformismo, si no lo hubiera sentido no habría organizado todo esto. La escuela pública se creó a partir de la Revolución Industrial y se necesitaba una educación uniforme. Y cuando entras, entras en ese sistema. Yo he puesto caritas tristes en la mano hasta que reconocí que no me gustaban. ¿Por qué lo tengo que hacer, porque lo hagamos todos o porque así nos enseñan? Hay otra forma. Yo me puse a estudiar, a investigar mucho, noches en vela leyendo y pensando en la educación que había recibido. Yo me puse a estudiar Telecomunicaciones aunque desde los siete años tenía claro que quería ser maestro. ¿Qué pasa? Que me decían que Magisterio no tenía salida, era muy difícil sacar la oposición, que hiciera una Ingeniería porque tenía muchas salidas y se cobra bien. Yo empecé con 17 años a trabajar en la educación, de monitor. Y yo pensaba que iba feliz a un comedor escolar y no iba feliz a la Universidad. Me di cuenta de lo que quería hacer y lo dejé todo. Yo no siento que haya perdido esos dos años y medio de mi vida que estudié otra carrera, sino que aprendí de ese error. Quiero ser feliz en la vida y poder dedicarme a lo que me gusta. A mí me pagan por hacer lo que yo quiero. Eso es lo que tenemos que hacer todo el mundo, no entrar en un sistema de trabajo en el que predomine la desmotivación. Hay gente a la que le gusta ser albañil, tiene que haber buenos electricistas, vivimos en una sociedad y todo es necesario, pero que  cada uno tenga la oportunidad de educarse en lo que le gusta.

¿Qué te parece el Pacto por la educación en equipo?

Me parece que es un proyecto que hace falta, porque llega un momento en el que cuando no se está de acuerdo en algo llegan las faltas de respeto. Hace poco una profesora de Secundaria mandaba un comunicado en el que hablaba de que le dijo a un padre que el comportamiento de su hija no era el adecuado y la contestación del padre fue decirle que para eso le pagaban. Yo entiendo que en muchas cosas no estemos de acuerdo, pero sí tiene que haber un punto en el que nos podamos entender todos y sobre todo no faltarnos el respeto. Este padre le dio vía libre a su hija para faltarle el respeto, ya no solo a la profesora, sino a cualquier persona y estamos hablando de educación.

 

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