Palabras que inspiran: ¿Has probado a ponerte en los zapatos de tus hijos?


Zapatoscita

“Mamá, ¿por qué yo soy un niño especial?” Esta ha sido una de las preguntas de mi hijo de las que más he aprendido. “Porque todos somos distintos y especiales, cariño”, le respondí yo. Educar es escuchar, observar, soltar la cuerda poco a poco, volver a observar, respetar y, sobre todo, aprender. No hay reglas. No hay atajos. Cada niño, con su personalidad, su temperamento, sus virtudes y defectos es un diamante en bruto, por eso Íñigo Pírfano, autor de ‘La inteligencia musical’, afirma que el café con leche para todos no es válido en la educación.

                                                                                                                     
Nuestra misión, como educadores y padres, es sacar lo mejor de ellos (como reza el poema de Pedro Salinas), ayudarles a encontrar su pasión, como afirma Ken Robinson en su libro ‘El Elemento’, porque ahí es donde estará su felicidad, que es en definitiva lo que todos buscamos y deseamos para nuestros hijos. Para ello, además de escuchar y observar, es importante  respetar sus tiempos. Catherine L’Ecuyer, autora de ‘Educar para el asombro’, apuesta por dejarse deslumbrar por su fantasía para guiarles mediante el juego, sin presiones, respetando su carácter y respondiendo a sus preguntas, porque nuestras respuestas incentivan su creatividad.

Ponerse en sus zapatos

La educación es más eficaz si intentamos ponernos en los zapatos del otro y le ayudamos a que él también se ponga en los nuestros. Así le hacemos ver su propia responsabilidad, que sus actos son importantes porque tienen consecuencias y pueden cambiar las cosas.
Como dice Maite Vallet, los niños no aprenden con premios y castigos. Los niños son seres humanos únicos y cuando les haces ver cual es su responsabilidad ante lo que les pasa, les estás dando una lección de vida, porque tú no vas a estar siempre ahí con ellos para premiarles o castigarles.
Por eso observar y aprender son conceptos básicos para educar, porque cada niño responde de manera diferente ante los mismos estímulos. Nadie dijo que fuera una tarea fácil, requiere de grandes dosis de paciencia y un ingrediente difícil de encontrar hoy en día, tiempo. Pero, egoístamente, merece mucho la pena, porque todo el que educa con amor y respeto es capaz de ver que los niños son unos auténticos magos de la generosidad y cuando más te entregas, mucho más te devuelven. Cuando parece que les estás enseñando, en realidad eres tú quien estás aprendiendo y en ese intercambio continuo se produce, como por arte de magia, la educación. ¡Ánimo, ellos se lo merecen, y tú también!

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2 comments
  1. flor

    30 enero, 2015 at 1:31 pm

    bien linda y educativa la lectura gracias , mi niña es muy comunicativa pero algo desordenada y tengo k reconocer k no le tengo paciencia

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