Ponencia de Begoña Ibarrola: “¡Ser padre o madre es siempre emocionante!”


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Ponencia de Begoña Ibarrola: “¡Ser padre o madre es siempre emocionante!”

Begoña Ibarrola, genial autora de cuentos infantiles y psicóloga, quiso hablar en esta ponencia de la importancia del mundo emocional en la educación de nuestros hijos. Begoña nos habló del enorme valor empatía, de educar en calma, de las heridas emocionales, de cómo ser guías de nuestros hijos, del peso de las heridas emocionales y de la falta de educación emocional y de cómo la razón ha acallado a la emoción. Y nos recordó que “si las emociones tiñen toda nuestra vida, merece la pena que apostemos por una buena educación emocional” y que “si educamos personas empáticas, sensibles, con regulación emocional, que se conozcan bien, con una autoestima fuerte, os digo que el mundo cambiaría”.

La psicóloga y autora de cuentos Begoña Ibarrola quiso subrayar la importancia de las emociones en nuestra vida al indicar que si recordamos “alguna experiencia emocionante en vuestra vida, lo haces gracias a la emoción que has sentido, la emoción es el pegamento del recuerdo”.

El propósito de Begoña es “hablar de cómo emocionarnos al educar”. Y para eso comienza definiendo qué es educar, que para la autora de cuentos es “tocar el corazón del niño, activarlo. Una vez que activamos su corazón, todo lo demás se pone en funcionamiento”. Es algo que sabemos todos los padres y madres: “A veces un simple contacto, una simple caricia, un simple guiño o poner la mano en el hombro abre a un niño que minutos antes estaba totalmente cerrado”.

Mostrándonos una viñeta de Mafalda, Begoña nos recuerda que padres y madres aprendemos a serlo al mismo tiempo que nuestros hijos aprender a ser hijos: “Ese entrenamiento supone que os tenéis que emocionar con ellos, que conozcáis sus emociones y las vuestras”. Hablar de emociones con nuestros hijos es hacerles “un gran favor, no solo porque ellos van interiorizando su dimensión emocional, que van comprendiendo que esos fenómenos emocionales van intrínsecos a nuestra condición de seres humanos sino porque también aprenden a conocer las emociones de los demás”. Begoña nos cuenta que “en muchísimos puestos de trabajo se está valorando cada vez más la empatía como una de las habilidades emocionales claves porque implica sensibilidad social, darme cuenta de lo que le pasa al otro, ser prudente, delicado y amable”. Si queremos que nuestros hijos tengan esa habilidad, “hay que empezar a hablar cuanto antes con ellos de lo que significa estar triste o alegre, que el enfado es legítimo, que todas las emociones son legítimas y sirven para algo”. Pero no solo las positivas, advierte Begoña, porque “realmente os graduáis como padres y madres cuando aprendéis a acompañarlos en su tristeza” o en su enfado. Mostrándonos la foto de una policía que se tumbó junto a un niño triste con la leyenda de que “a veces no necesitas que alguien te levante, sino que se tumbe a tu lado hasta que te puedas levantar por ti mismo”, Begoña nos subraya que “si sienten vuestro acompañamiento, que legitimáis esa emoción y que no les queréis quitar cuanto antes de ahí es tremendamente importante para ellos porque se sienten respetados y ellos a su vez van a hacer lo mismo cuando tengan hijos”.

¿Y qué pasa cuando las emociones los desbordan? “Cuando tus hijos se sientan abrumados por las emociones, en una pataleta o en un enfado que no sabemos cómo controlar, lo que podemos hacer como padres y madres es desde la calma esperar y ayudarles a que salgan, pero no unirnos a su caos”. No resulta raro a padres y madres leer que, como dice Begoña, “a veces parece que ellos influyen más en nosotros a nivel emocional que nosotros sobre ellos”. Para mantener la calma en estos momentos desquiciantes, Begoña nos recuerda que “esto exige una gestión emocional por nuestra parte”, que supone darse cuenta de la emoción, legitimarla, recordarles que pueden salir de esa emoción y ayudarles a entrar en calma. “Pero si no tenemos ese ejercicio de desarrollar nuestro autocontrol, ellos vencen y nos meten en su caos”, advierte Begoña.

Begoña también nos contó que “he trabajado con muchos niños cuyos problemas de conducta eran llamadas de atención, estaban gritando “quiéreme, acéptame, ayúdame a mejorar”, sin embargo sus comportamientos no eran agradables”. Por eso nos da “un consejo: no estéis tan pendientes de su comportamiento, que también es importante, pero pensad que siempre antes de una conducta hay una emoción o un sentimiento. Si atendemos más a sus sentimientos y a sus emociones vamos a ser capaces de modular sus conductas. Cambiando su estado emocional cambiamos su conducta”.

¿Cómo acompañarles en el camino de su autonomía? Begoña nos habla de que somos guías, que al principio estamos “delante de ellos marcando el camino, pero en un momento dado de su desarrollo nos podemos poner a su lado sin dejar de ser guías, compartiendo sus decisiones y, en otros momentos, cuando les vemos preparados para lanzarse al mundo, confiando en sus capacidades nos colocamos detrás”. Ese camino, nos recordó Begoña, es emocionante.

Quiso tratar la experta el tema de las heridas emocionales no curadas, que están presentes en “casi todas las familias”.  Confiesa que “como terapeuta he visto muchos niños con heridas en el corazón, pero esas heridas venían de padres, madres, tíos o abuelos y no habían sanado”. Pero Begoña quiere que tengamos claro que “tu pasado no determina tu futuro”. Aunque no podamos cambiar el pasado, “cuando tomamos conciencia de alguna herida emocional o trauma o de alguna mala educación emocional que hemos recibido (como “los niños no lloran”, “las mujeres no gritan” o cuando no nos dejaban enfadarnos porque nuestros padres no sabían cómo gestionar emociones) podemos cortar los hilos”. Begoña nos pide que “no traslademos a nuestros hijos esa problemática”.

El mensaje principal que nos quiere dejar Begoña es que “el mundo emocional es un aporte impresionante a la Humanidad. No debemos permitir que nuestra dimensión cognitiva anule nuestra dimensión emocional. Somos seres sensibles antes de nacer y hasta un minuto antes de morir. Si las emociones tiñen toda nuestra vida, merece la pena que apostemos por una buena educación emocional, que empiece desde antes de nacer. Está en nuestras manos educar las emociones de nuestros hijos, legitimándolas todas, viendo lo positivo de cada una, permitiendo que las expresen y enseñándoles a expresar de forma adecuada, acompañándoles en cada una de ellas”. Y nos pide que reflexionemos: “¿Qué emoción me cuesta más vivir? ¿Qué emoción me cuesta más regular? ¿Con qué emociones me siento más cómoda y con cuáles más incómoda? ¿Qué emociones permito que expresen mis hijos y qué emociones no les permito que expresen porque no me gustan?”. Si tomamos más conciencia de nuestro mundo emocional, nos lo agradecerán no solo nuestros hijos e hijas, “sino todo el mundo, porque si educamos personas empáticas, sensibles, con regulación emocional, que se conozcan bien, con una autoestima fuerte, os digo que el mundo cambiaría”.

Begoña acabó con una consigna en la que pidió al público que se uniese: “Ser padre o madre es siempre EMOCIONANTE”.

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