Ponencia de Jaume Centelles: “Una lectura compartida con vuestros hijos es un buen regalo”


Jaume Centelles ponencia

Ponencia de Jaume Centelles: “Una lectura compartida con vuestros hijos es un buen regalo”

 

Jaume Centelles ha sido maestro de educación infantil durante 40 años y es autor del blog La invitación a la lectura. En Barcelona nos regaló una ponencia llena de poesía para recordarnos la importancia de formar lectores, y no leedores, para “ayudarles a vivir otras vidas, fomentar la curiosidad y combatir el pensamiento único”. Porque “para volar, los pájaros tienen alas y los niños, cuentos”. 

Jaume comienza su intervención con la música de Star Wars, recordando una escena en la que Obi Wan Kenobi busca información sobre un sistema planetario y acude a una biblioteca. El sistema no aparece en los archivos y la bibliotecaria se da la vuelta diciendo “si no aparece en los archivos, es que el sistema no existe”. Jaume nos cuenta que “si la bibliotecaria hubiera venido a la conferencia de Fernando Botella y el mago Iván Santacruz sabría que hay que ser curiosos: si no aparece la información, busca otra, pero no te resignes. Necesitamos que nuestros hijos sean curiosos. ¿Cómo se puede fomentar la curiosidad? A través de los libros“, nos dice Jaume, que nos muestra un proverbio chino: “Si vives cerca del mar, enseña a nadar a tus hijos, siempre será mejor que construir un muro alrededor del océano”.

Jaume nos recuerda que aún hoy se siguen prohibiendo libros. Por ejemplo, en Estados Unidos, Tina Schart publicó la versión de Caperucita Roja de los hermanos Grimm, que recibió la medalla Caldecott, como el Nobel de la Literatura Infantil. En algunos Estados de Estados Unidos vieron que había que prohibir el libro porque Caperucita había puesto en la cesta para su abuelita la botella de vino. La asociación Moms Demand Action lanzó una campaña con un cartel en el que se ven dos niñas en una biblioteca escolar: una sostiene el libro y otra un arma. Y una leyenda: “Una de estas niñas sostiene en sus manos una cosa que está prohibido en nuestro país. ¿Adivinas cuál?”. Para Jaume, es necesario “combatir el pensamiento único y para hacerlo, hace falta la tribu, que somos todos”. Sin duda, para combatirlo, hace falta formar lectores. Jaume nos cuenta que “Jorge Luis Borges decía que en la escuela se hacían leedores, que saben leer y comprender, pero si nosotros queremos formar lectores hace falta un paso más cualitativo, hace falta la complicidad de la tribu. Para eso hacen falta dos literaturas: la oral y la escrita“. La oral, nos cuenta, se puede fomentar desde que el bebé está en la tripa de su madre. Y nos cuenta un recuerdo imborrable: “mi abuelo, una persona iletrada que nunca había hecho un cursillo de cómo contar cuentos, me contaba historias maravillosas que me hacían imaginar, vivir otras vidas, otros personajes“. ¿Así que cómo se pasa de leedores a lectores? “Si os lo preguntara, estoy convencido de que el 90% de las respuestas tienen detrás un elemento familiar: un padre que te compra tebeos, una madre que te acompaña a la biblioteca, alguien que te explica… Ese elemento familiar es básico para transformar al leedor en lector”.  

¿Y qué pasa cuando los niños ya saben leer sus propios cuentos? “La función del padre o de la madre es acompañar, compartir las lecturas. No basta con decir: ‘ya sabes leer, espabila’. No, tú ahí al lado, compartiendo, haciéndole ver lo que se esconde entre líneas, comprendiendo el mensaje, buscando el significado de las imágenes, ayudándoles a vivir otras vidas. El elemento de la lectura que tiene que ver con la piel, con el cariño, lo da sobre todo la familia“.

Jaume nos cuenta que un estudio de la Universidad de Sussex demuestra que leer es bueno para la salud: “6 minutos de lectura concentrada reducen el estrés, el ritmo cardiaco se desacelera, la tensión muscular se relaja. Hacer una lectura compartida con vuestros hijos es un buen regalo que les podéis hacer. Se trata de abrir la puerta, adentrarse en el libro y viajar por todos los mundos”.

Jaume acaba con un poema que dice: “Tal vez la solución a todo estaba allí, en el aeropuerto internacional de Belfast, cuando el guardia de seguridad que vigilaba a los viajeros en busca de armas ocultas se arrodilló con los brazos en cruz para mostrar lo que debían hacer. En ese momento, el niño pequeño arrancó a correr como un rayo y echó sus brazos alrededor del cuello del policía estupefacto”. “Cuando estéis en el aeropuerto y os cacheen no lo hagáis”, nos dice entre risas, “pero el mensaje es claro: menos discutir y más abrazar”.

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