Retos educativos: Educar para la felicidad, el gozo y el amor a la vida


niños felices

Si hay algún objetivo o reto, con mayúsculas, que nos planteamos padres y madres es que nuestros hijos sean felices. Hoy os hablamos de este gran reto desde nuestra perspectiva. En Gestionando Hijos entendemos que la felicidad consiste en plantearse objetivos o propósitos y superarlos, en asombrarse por el entorno y buscar la belleza, en buscar la pasión por las cosas que hacemos, en querer aprender siempre, en mantener un espíritu optimista y una disposición al disfrute y en el compromiso con nuestros seres queridos y con la sociedad.  

Partimos de que no entendemos la felicidad como un ideal en el que todo es positivo y lo negativo se esconde, donde los niños están continuamente protegidos de lo negativo y donde todo lo que quieren se les concede. De hecho, estamos muy de acuerdo con expertos que han criticado, de alguna manera, la pretensión de buscar la felicidad de nuestros hijos porque puede suponer endulzar la vida hasta rozar lo absurdo. Por ejemplo, Javier Urra nos recordaba en la primera edición de Gestionando Hijos que “educar para que mañana los niños sean felices no es real, no es verdad. Las pérdidas y las incomprensiones son parte de la existencia. Creo que esta sociedad exige a la vida mucho más de lo que la vida le puede dar”. Sin embargo, sí defiende que nuestros hijos deben ser ricos en sonrisas.

Del mismo modo se expresa el filósofo Gregorio Luri, que considera que el culto a la felicidad en la educación de los hijos supone “ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies»”. “La vida es muy compleja”, afirma, y propone “querer a la vida a pesar de que esta es injusta, tacaña, austera. No querer a la vida porque encontramos la forma de diluirnos todos en un acaramelamiento que hasta me parece soez. Ahora la felicidad se entiende como un recorte de las aspiraciones”. En Gestionando Hijos estamos muy de acuerdo con estas ideas. Creemos, no obstante, que para nuestros hijos la felicidad no es darles todo hecho, concederles todos los caprichos, meterlos en una burbuja para protegerlos de los sinsabores de la vida y no ponerles normas. ¿Los niños caprichosos, mimados, sin normas y sobreprotegidos son felices? No hay más que observarlos para darse cuenta de que no, no lo son.

Sin dejar de afirmar la vida como compleja, como incierta y como llena de momentos no felices, creemos que es importante educar en la disposición al disfrute, en el espíritu positivo y en plantearse propósitos, asombrarse por el entorno, conectar con las personas a las que queremos y saberse importante  y tenido en cuenta para su comunidad. Igual que creemos importante hacer una lectura positiva de la frustración, como nos sugiere María Jesús Álava Reyes: “Cuando un niño se frustra ante algo tenemos que aplaudirle y decirle “Pero si estás a punto, si lo tienes ya, ¡venga!, vamos a volver a intentarlo”.     Estamos muy de acuerdo con Fernando Botella, que considera capital la diversión para conectarnos con las cosas que hacemos y porque “cuando hay diversión no hay excusas”. La diversión está muy unida a la ilusión,  que es “la pulsión vital que nos lleva a conseguir cosas en la vida”.

Lo cierto es que la pretensión de educar a niños felices y preparados para el futuro puede suponer una presión muy grande para los padres. Pero nuestros propios hijos nos pueden enseñar que todo es mucho más sencillo. De hecho, en el optimismo y la diversión, los padres tenemos unos profesores de excepción, que son nuestros hijos, tal como demuestra este cortometraje que nos recuerda la importancia de reír y disfrutar de nuestra vida.

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