Tomás Font: Las empresas que funcionan hacen lo mismo que las familias que funcionan

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Tomás Font es alto ejecutivo de una multinacional y además es padre de nada menos que seis hijos. En su ponencia, llena de experiencias y sentido común, defiende que “las empresas que funcionan hacen lo mismo que las familias que funcionan” y nos brinda algunas de las claves para conseguir funcionar bien.

 

Tomás Font nos explicó que quiso averiguar “qué hacen estas empresas a las que les van bien las cosas” y le salió una lista de “diez cosas que hacen”. Al mismo tiempo, “nació mi primera hija, Mireia, y me lo leí todo, como todo aspirante a buen padre. Me apunté a todo lo que sonara a educar bien”, nos confiesa, aunque reconoce que “lo que más nos ayudó a mi mujer y a mí fue observar a familias que lo hacían bien. Hay familias en cuya casa entras y ves buen rollo, porque ves cómo se tratan y cómo se hablan, que sonríen”… Y de nuevo se propuso averiguar qué hacen estas familias para funcionar tan bien. “Y ahí llegó mi primer descubrimiento: Las empresas que funcionan hacen lo mismo que las familias que funcionan. No es ninguna tontería”, porque muchas veces esos dos entornos (familiar y profesional) están desconectados. Tomás, de hecho, señala que “conozco a gente muy buena e implicada en su proyecto profesional y que hacen un trabajo profesional bestial, conectan genial con su equipo y se preocupan por estar siempre al día y luego llegan a casa y son un mueble. No saben cómo conectar, no saben aprender ni disfrutar de lo que tienen en casa que, realmente, es su mejor empresa”.

 

Medir resultados y tener objetivos

Hay algo que complica la idea de ser “buen profesional en casa” y es que “en la empresa es mucho más fácil medir los resultados, porque el ser humano trabaja en el corto plazo”. Sin embargo, “cuando hablamos de la educación de los hijos, es una actividad a largo plazo. Yo pongo límites y no veo el resultado mañana, tardo años en ver que lo que hago cada día me da buen resultado”.

Para Tomás, es muy importante plantearse “qué queremos en la educación de nuestros hijos”. Y el objetivo más común es que queremos que sean felices. Ser felices no pasa por sobreprotegerlos, porque, como dice Tomás entre risas “en las familias numerosas la hiperpaternidad no existe”.

 

Felicidad: capacidades, valores y responsabilidad

Para conseguir que nuestros hijos o nuestro equipo sea feliz, es fundametal “desarrollar todas sus capacidades. Dentro de los equipos de trabajo pasa lo mismo”. Es un objetivo tremendamente rentable, porque “un niño feliz lo da todo. Un colaborador profesional feliz también lo da todo”.

El segundo de los elementos con los que se construye la felicidad es “proporcionar experiencias”, especialmente cómo vivimos en casa los valores. Nos advierte Tomás de que se refiere a “temas muy concretos y no palabras románticas. Las empresas también hablan de valores corporativos y lo practican de forma muy concreta”, recuerda. Por ejemplo, “Google es una empresa muy creativa y lo aplican de forma concreta dando un 20% de su tiempo a que sus empleados conecten sus pasiones con el trabajo. Eso es hacer tangibles los valores, son experiencias”.

El tercer elemento son los modelos educativos. Hay modelos autoritarios, permisivos y responsables. Tomás Font apuesta por los modelos responsables, que “ponen límites, que son el ABC de la educación. Sin límites es imposible convivir, sería una selva”. Pero también “queremos que sean libres, porque mañana van a tener que decidir y lo que tienen que hacer es pensar en contraposición a actuar por impulsos”, y sin un modelo educativo responsable “van a actuar por impulsos”.

 

Las bases: tiempo para estar disponible y confianza

¿Cómo podemos trabajar todo esto? Tomás Font habla de la importancia del tiempo y pide que se supere “el debate idiota de cantidad o calidad, lo mejor es cantidad y calidad. Pero si no se puede, cantidad”. Tomás cree que “nuestros hijos necesitan que estemos con ellos, presentes, no encima de ellos sino disponibles”. Font señala que esta necesidad que tienen nuestros hijos de que estemos disponibles conecta con el debate de la conciliación: “Tenemos que conciliar mucho mejor, y no conciliamos. Se dice que tenemos un horario religioso: Entramos cuando Dios manda y nos vamos cuando Dios quiere. Pero realmente esto está cambiando, aunque aún cuesta”. Y en este cambio, Tomás se encuentra sobre todo a mujeres que afirman que pueden con todo y quiern ser “la mejor madre, mujer, amiga, hija y profesional”. Pero esta perfección no es real, señala Tomás Font, que se muestra preocupado porque “en algún momento petaréis”. Muchos hombres no llevan tampoco muy bien esto de conciliar, pues consideran que esto significa “estar 24 horas al día siete días a la semana conectado. Imagínate un 15 de agosto en la playa y te suena el móvil, es un mail de tu jefe que pone Urgente. Y es que el trabajo es como un gas que se cuela por todas las rendijas. Hay que ser estricto”.

Aparte de tiempo, para educar hace falta confianza “que se construye sobre dos motores. EL primero es el carácter y hace referencia a la integridad, la coherencia entre decir y hacer. Y esta coherencia ha de ser nuestra, porque educa más el ejemplo que las palabras. La segunda base de la confianza es la competencia, conseguir resultados”. Lo que está claro es que confiar “supone asumir riesgos y hay que asumirlos tanto en el trabajo como en casa”. Y el riesgo es que la persona en la que hemos confiado se equivoque. Cuando esto pasa “hay que darle la oportunidad para que lo corrija”, aunque lo cierto es que “cuando fallas con las competencias, se arregla con capacitación. Cuando el fallo es por la integridad, lo tenemos más complicado”.

En resumen, termina Tomás Font, “la educación es un tema de tiempo, amor y humor”.

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Sobre el autor

María Dotor
María Dotor

Tener solo unas líneas para presentarse no es fácil. Espero hacerlo bien ;-) Soy periodista y amante de la educación. Una de mis frases favoritas es: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo” de Paulo Freire. Por eso creo que es tan importante tomárnoslo en serio. Por eso, y porque educar es el más apasionante e importante de los viajes. ¿No crees?