Un niño para poner límites ha de ser valiente…

Jaume Roset: “¿Tú te imaginas un mundo en donde todos se dedicasen a aquello que les apasiona y hacen bien?”
David Pulido: “El cine está hecho del mismo material de los sueños y nos permite aprender de cosas que no hemos vivido”

Un niño para poner límites ha de ser valiente…

Un niño para poner límites ha de ser valiente…

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a decir basta ante las injusticias o un maltrato, a no dejarse llevar por una influencia negativa, a ser valientes para que aprendan a respetarse y a respetar? Ángeles Jové Pons, de AEIOU Coaching para Padres nos dice que “valiente es quien empieza por cuidarse a sí mismo y toma sus decisiones sin miedo, preocupándose al mismo tiempo por cuidar y respetar a los demás” y ofrece en este post claves para que educadores ayuden a los niños “a pasar del victimismo a la proactividad” y a ser asertivos. Si damos ejemplo de respeto, de escucha y de búsqueda de soluciones, nuestros hijos aprenderán “que tienen en su interior los recursos necesarios para ser y hacer lo que se propongan, con mucho esfuerzo y constancia”.

Para algunos niños la infancia puede no ser fácil. No debería ser así pero tristemente lo es. La realidad siempre se impone… A veces, no encuentran la necesaria confianza, seguridad y calidez en su entorno para recargarse psico-emocionalmente y enfrentarse luego a los obstáculos de su día a día. Recordemos que son pequeños pero sus necesidades no son pequeñas y muchas veces no son respetadas por los adultos, por otros niños o por el entorno. En ocasiones viven en contextos poco estables, inciertos y pueden pasar muchas horas solos aunque estén rodeados de gente. Pocos les enseñan que tienen en su interior los recursos necesarios para ser y hacer lo que se propongan, con mucho esfuerzo y constancia ¡claro está! pero sabiendo que pueden conseguirlo. Se ven con mucha dificultad para gestionar las expectativas que los demás tienen sobre ellos.

Están inmersos en un mundo estresado que va a una velocidad vertiginosa y que no respeta su ritmo infantil. Olvidamos que se están construyendo a sí mismos y este crecimiento lleva lógicamente su tiempo y los adultos queremos correr demasiado.

Por eso pueden vivir con miedo, inseguridad, con poca confianza en sí mismos, lo que les mina las fuerzas a la hora de enfrentarse en el colegio, por ejemplo, a comportamientos inadecuados de otros niños que convierten a su vez su miedo y falta de autoestima en agresividad hacia el otro (acoso escolar).

Enseñemos a los niños a ser valientes para que aprendan a respetarse y a respetar. A decir SÍ cuando toca un SÍ y a decir NO cuando toca un NO, y a hacerlo sin culpa, sin miedo y con toda la serenidad del mundo.

 Con la convicción de que así se están respetando y, lo más importante, que pueden hacerlo sin dejar de respetar al otro. A esto se le llama ASERTIVIDAD.

Que aprendan que su dignidad es sagrada y, que además, reconociendo la dignidad del otro serán verdaderamente libres y dueños de sus destinos sin ataduras.

Enseñemos a los niños a que no se queden instaurados en la resignación y a que aprendan a defenderse cuando se les trata mal.

Enseñemos a los niños que nadie es mejor que ellos y, sobre todo, que no son mejores que nadie. Es decir, enseñémosles a ser humildes, porque ésta es la auténtica receta para una autoestima sana, fuerte y para alcanzar seguridad personal.

Recordemos nosotros que lo hemos de hacer desde el ejemplo, es decir,  respetándoles y valorándoles primero. ¿Cómo enseñarles respeto si no les tratamos con respeto? ¿Cómo enseñarles a que se valoren y valoren a los demás si no les valoramos nosotros primero?

Orientémosles hacia el reconocimiento del otro como parte importante también de uno mismo. Eduquémosles así en la empatía, la compasión y en la reciprocidad desinteresada. “¿Cómo crees que se siente “X” después de esta broma tan pesada?, ¿Qué te impide ser amable con este niño? ¿Cómo te sentirías si a ti tampoco te invitaran a la fiesta?”

Enseñemos a los niños a que tengan criterio, discernimiento y opinión propia, y que la defiendan con integridad y respeto, teniendo muy claro nosotros que para alcanzar este propósito antes han de sentirse “vistos y escuchados” por los adultos. ¿Cómo enseñarles que hagan valer sus ideas si no les “vemos y escuchamos” primero? ¿Les permitimos ese espacio? Regalémosles seguridad para que lo logren, necesitan que nuestras miradas y palabras los acojan y acepten tal y como son.

Enseñemos a los niños a ser responsables y que tengan iniciativa, pidámosles opinión, primero con cosas pequeñas y adecuadas a su edad y progresivamente a que den pasos mayores para favorecer su autoestima y autonomía.

Enseñemos a los niños a pasar del victimismo a la proactividad.

¿Qué hubieras hecho tú en su lugar? ¿Qué harías diferente ahora que sabes que “X” no vino a clase por lo que pasó? ¿Quiénes son los responsables de lo que ha pasado? ¿Qué parte de responsabilidad tienes tú en todo esto? ¿Qué vas a hacer? ¡Menudo regalo es hacerles sentir capaces y responsables! ¿Qué más está en nuestra mano hacer para que sientan que confiamos en ellos?  ¿Cómo van a ser valientes si no confiamos en ellos?

Por todo esto y muchas cosas más, hemos de enseñar a los niños a SER VALIENTES y así hacerles GRANDES.

Grandes porque nadie tiene derecho a hacerles sentir mal.

NADIE.

Grandes para decir en voz alta lo que les molesta y no les gusta. De una manera clara, alta y sin gritos.

Al fin y al cabo, los límites son esto… ¿o no?

Poner límites es hacer respetar el espacio de cada cual y las necesidades propias. Por esta razón los límites nos ayudan a sentirnos mejor con nosotros mismos y con el otro. Me hago respetar porque respeto. Nos hacen sentir seguros y a salvo.

Que sepan y tengan claro que estos límites se pueden sobrepasar de muchos modos y algunos son muy sutiles porque nos erosionan lentamente y hacen que acabemos por tolerar y, lo peor, resignarnos; un insulto, un vacío, una burla, un rechazo… No podemos permitirlo. Las redes sociales han incrementado y agudizado el problema porque el maltrato puede hacerse virtualmente pero ¡no nos engañemos! el daño es real, muy real: el dolor se siente en el cuerpo. No podemos mirar a otro lado.

Los que por una u otra razón nos relacionamos con niños y adolescentes (padres y educadores) no podemos dejar pasar un mal trato. No vale pensar que son cosas de niños, no vale minimizar y decir que no tiene importancia, que ya pasará, que se tienen que arreglar entre ellos, que todos hemos pasado más o menos por ello…. NO PODEMOS QUEDARNOS DE BRAZOS CRUZADOS y, entre todos, hemos de atajar de raíz las faltas de respeto, las burlas, los vacíos… ¡Hemos de hacerlo! Y animarles a que ellos sean VALIENTES.

¡Enseñemos a los niños A SER VALIENTES!

  •  Valientes para decir BASTA a una situación intolerable, a algo que les disgusta y les hace daño, (ya sea por parte de otro niño o de un adulto).
  • Valientes para atreverse también a decir en voz alta lo que hace daño a los demás. En esta vida hace falta compromiso, se necesita a quienes denuncian, a quienes están al lado del que lo necesita.
  • Valientes para ayudar a quien sufre y sostener al otro en su momento de debilidad. Todos somos vulnerables y nos necesitamos. Juntos somos fuertes.
  • Valientes para decir “no vas a hacerme (o hacerle) daño porque tú no eres mejor que yo (o mejor que él)” porque valiente es quien empieza por cuidarse a sí mismo y toma sus decisiones sin miedo, preocupándose al mismo tiempo por cuidar y respetar a los demás.

Si quieres disfrutar de una inspiradora jornada de reflexión sobre la tarea más apasionante y desafiante que tienes entre manos, tienes una cita el 10 de junio en Barcelona. ¡Te esperamos!

IMG_PONENTES-post-final (2)

 

Sobre el autor

María Ángeles Jové Pons
María Ángeles Jové Pons

Soy experta en coaching para padres y para la maternidad, formada en la Escuela Europea de Coaching. Co-fundadora de Coaching para Padres AEIOU (http://www.coachingpadresaeiou.com/). He sido profesora universitaria.