El efecto “Gambito de dama”: la repercusión social y educativa del último éxito de Netflix

Priorizarse a uno mismo como madre o padre es entender que nuestro bienestar será la base para el bienestar de nuestros hijos
Un mensaje-regalo para estas Navidades de parte de Noelia López Cheda: ¡Ultreia!

El efecto “Gambito de dama”: la repercusión social y educativa del último éxito de Netflix

Los contenidos audiovisuales (películas, series, canciones, publicidad…) que los seres humanos consumimos de forma diaria tienen un poder que muchas veces tendemos a infravalorar. De hecho, paraos a pensar un momento en vuestra juventud y adolescencia. Seguro que hubo una película, una serie, un grupo de música… que os marcó y os transmitió (de forma consciente o no) aprendizajes que aún, a día de hoy, continuáis teniendo presentes.

Esto ocurre porque los productos culturales tienen fuertes efectos en los procesos que intervienen en la creación de identidades tanto individuales como colectivas (como bien explican Belmonte y Guillamón en este interesante artículo académico).

¿Y esto qué quiere decir? Pues que las películas, series y canciones que consumen los niños y niñas pueden tener un efecto directo en ellos de forma individual, pero también de forma colectiva en la sociedad coetánea.

Los productos culturales como agentes socializadores

Como hemos dicho, los medios de comunicación constituyen una herramienta esencial en la construcción, reproducción y difusión de significados.

Pero, además, el alcance y uso de los medios no solo ha aumentado en gran medida en las últimas décadas, sino que además se ha visto alterado por el auge de las plataformas de contenidos (como Netflix, HBO, Amazon Prime, Filmin y tantas otras) que han modificado el papel del consumidor: ahora no hay que sentarse delante de la tele y conformarse con ver lo que ponen en la parrilla televisiva, sino que podemos elegir qué ver y cuándo verlo.

Así pues, para entender mejor a qué nos referimos con la construcción de significados que afectan a las identidades individuales y colectivas, vamos a poneros ejemplos que seguro que os hacen ver esto clarísimo:

  • Con “Mary Poppins” aprendimos que ordenar y limpiar podía ser “supercalifragilisticoespialidoso”, y seguro que has sido incapaz de leer esa gran palabra sin cantar.
  • Con “Pipi Calzaslargas” aprendimos que las niñas también podían ser independientes, rebeldes e ingeniosas, y que ese no debía ser un terreno reservado exclusivamente para los niños.
  • “Verano azul” marcó a toda una generación que lloró con la muerte de Chanquete. 
  • Y seguro que en más de una fiesta cantaste a pleno pulmón:

Estoy llorando en mi habitación
Todo se nubla a mi alrededor
Ella se fue con un niño pijo
En un Ford-fiesta blanco
Y un jersey amarillo…

Si has podido volver a tu juventud con estos recuerdos, seguramente ahora estés mucho más convencido o convencida de la capacidad de los productos culturales para marcar realidades, pero también para transformarlas.

La necesidad de referentes (ejemplares) a los que aspirar

Si seguimos con las analogías de nuestra juventud, es probable que en algún momento desearas ser tan atractivo como Michael Knight en su coche fantástico, bailar y cantar como Olivia Newton-John en “Grease” o tener una amistad como la de “Friends”.

Los personajes a los que admiramos se acaban convirtiendo en referentes, y teniendo en cuenta la gran repercusión que hemos dicho que tienen las películas y series, se hace necesario contar con referentes que nos ayuden a transformar aquellos aspectos de la realidad en los que debemos trabajar y avanzar. Por ejemplo, la igualdad de género.

Y es aquí donde entra la serie que encabeza este artículo: “Gambito de Dama”. La nueva producción de Netflix ha sido un éxito mundial que narra las vicisitudes de una joven con un gran don para el ajedrez, pero en una sociedad y una época que reserva esta disciplina solo para los hombres.

Más allá de la maravillosa trama (que os recomendamos ver), esta serie ha tenido consecuencias tremendas a nivel social. De hecho, el director de márketing de la Federación Internacional de Ajedrez asegura en este artículo que han recibido «más solicitudes de mujeres en estas últimas semanas que en los últimos 5 años juntos». Además, tal y como cuenta Netflix en esta nota de prensa, desde el estreno de la serie:

  • La novela original, “The Queen’s Gambit”, se encuentra ahora en la lista de bestsellers del New York Times, 37 años después de su lanzamiento.
  • Las consultas en Google sobre ajedrez se han duplicado, mientras que las búsquedas de «cómo jugar al ajedrez» han alcanzado su máximo pico en los últimos nueve años.
  • Las consultas sobre «juegos de ajedrez» en eBay han aumentado un 250% y Goliath Games dice que sus ventas de ajedrez han aumentado más del 170%.
  • El número de nuevos jugadores se ha multiplicado por cinco en Chess.com.

Las niñas también pueden jugar al ajedrez, y a lo que les dé la gana

En definitiva, las series y películas pueden devenir referentes muy potentes para nuestros hijos e hijas, así como para la sociedad en general. Y, aunque no podemos evitar que estén expuestos a estímulos que no concuerden con los valores que queremos transmitirles (por ejemplo, que vean un contenido sexista o racista), sí que podemos contrarrestar el efecto de estos contenidos con las conversaciones, las reflexiones, las películas que vemos juntos y los referentes que les presentamos.

Si estas Navidades en la carta de los Reyes Magos tu hija o hijo ha incluido un ajedrez, ahora ya sabes a qué se debe. Quién sabe, a lo mejor para ellos esta serie se convierte en lo que para nosotros fue “Xena, la princesa guerrera”.

¡Hasta luego, Lucas!

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Sobre el autor

Marina Borràs
Marina Borràs
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política, y sigo formándome en los temas que me apasionan: educación, igualdad de género y nuevas tecnologías.