5 frases que no debes decirle a alguien que sufre ansiedad

A nuestra compañera Sara
Pedro J y los invitados: el no ejemplo

5 frases que no debes decirle a alguien que sufre ansiedad

La ansiedad es un trastorno psicológico alrededor del cual existen muchísimos mitos. Hay quien piensa que son solo nervios, que es algo que se puede controlar, que los niños y niñas no pueden sufrirla… Seguro que más de una vez habéis escuchado a alguien decir que “si tienes ansiedad, deberías relajarte un poquito o tomarte las cosas de otra manera”.

Además, la pandemia (el confinamiento, la incertidumbre, las pérdidas…) no ha hecho más que propiciar que afloren este tipo de trastornos psicológicos tanto en los niños, como en los adolescentes y también en los adultos. Durante el confinamiento, la Organización Mundial de la Salud ya nos advirtió de que 1 de cada 4 niños sufría ansiedad derivada de la situación que estábamos viviendo, y estas cifras no han descendido con todo lo que ha venido después…

Entonces, y dada la gravedad de la situación, las madres y padres necesitamos deshacernos de los prejuicios que tenemos acerca de la ansiedad y tener herramientas para ayudar a nuestros hijos a gestionarla.

Un aspecto muy importante reside en las frases que trasladamos a nuestros hijos e hijas cuando les vemos sumidos en un estado claro de ansiedad. Como os hemos comentado, existen muchos mitos relativos a los síntomas o a la forma de atajar este trastorno, y eso provoca que muchas veces intentemos gestionarla, pero lo hagamos de forma equivocada o contraproducente. Por eso hemos hablado con la psicóloga Úrsula Perona, quien nos ha propuesto 5 frases que deberíamos evitar cuando nos dirijamos a una persona que sufre ansiedad:

1. “Deja de preocuparte por eso, no tiene importancia”

Úrsula hace referencia con esta frase a “las rumiaciones típicas de las personas ansiosas, a preocuparse mucho por cositas nimias o cotidianas”.

Un aspecto muy importante que nos recuerda siempre la psicóloga y autora de cuentos infantiles, Begoña Ibarrola, es que el primer paso para ayudar a nuestros hijos con su gestión emocional es reconocer y legitimar sus emociones.

Además, debemos comprender que entre los síntomas de la ansiedad, como nos explicó Úrsula, se encuentra un nivel muy alto de procesamiento de información y  el aumento de manías o del pensamiento mágico. Por lo tanto, necesitamos comprender y legitimar las preocupaciones de nuestros hijos, responsabilizarles de estas conductas no va a servir para que las detengan, como mucho para que se culpan de no poder parar esas rumiaciones o preocupaciones constantes.

2. “Te lo provocas tú”

Úrsula Perona propone esta frase para refererirse a “los síntomas de ansiedad, que en niños suelen ser dolor de cabeza, de barriga, vómitos psicógenos o diarrea».

Respecto a este aspecto, Úrsula nos contaba en otro artículo que un síntoma de ansiedad muy frecuente en niños y niñas es la somatización, es decir, “que experimenten dolores o malestar que a priori no se reconocen a través de un examen médico”. Por eso, y como decíamos en el punto anterior, no podemos darles a entender a nuestros hijos e hijas que la responsabilidad de hacer que se detengan los síntomas de la ansiedad recae sobre ellos, porque solo conseguiremos aumentar su frustración.

Debemos entender y acompañar a nuestros hijos, no negar sus emociones y ayudarles a gestionarlas, porque ellos no saben o no pueden, y nuestro papel es enseñarles y darles las herramientas para ello.

3. “No tengas miedo”

“Como si eso se eligiera o se pudiera controlar…”, nos recuerda Úrsula.

Como os decíamos, menospreciando o ninguneando las emociones de nuestros hijos no les estamos haciendo ningún bien, aunque a priori pensemos que les estamos ayudando a quitarle importancia a algo que a nosotros no nos parece grave. El psicólogo Rafa Guerrero nos lo explicaba así en uno de nuestros eventos:

4. “Deja de darle vueltas”

«Los pensamientos circulares u obsesiones no pueden controlarse fácilmente o dejar de pensar en ellos», nos explica Úrsula.

Es evidente que cuando vemos a una persona ansiosa dándole vueltas a un tema una y otra vez, preocupándose por ello y, por supuesto, sufriendo, queremos ayudarle a detener ese proceso vicioso.

Sin embargo, entendamos la ansiedad como cualquier otra enfermedad o malestar físico: ¿le diríamos a alguien a quien le duele la rodilla que camine sin cojear? ¿le sugeriríamos a una persona con miopía que intente concentrarse y ver mejor sin gafas? Probablemente no.

Pues entonces, en lugar de proponerle a nuestro hijo o hija que deje de darle vueltas a algo, debemos acompañarle en el proceso, legitimando lo que siente y sin dejarle estancarse, por ejemplo proponiéndole actividades que le ayuden a canalizar sus emociones.

5. “Tranquilízate”

“Lo mismo… es como decirle a alguien: no estés triste. Lo que necesita es que le ayudemos a tranquilizarse nosotros. Él solo no sabe o no puede…”, nos explica Úrsula Perona.

Como en los demás casos, debemos comprender que es muy difícil controlar estos síntomas cuando se presentan, y que responsabilizando de ellos a quien los sufre no vamos a conseguir el objetivo: que se calmen. Como dijo de forma muy acertada Rafa Guerrero en su ponencia, “nunca en la historia de calmarse nadie se ha calmado por decirle que se calme”.

En definitiva, si nuestros hijos e hijas sufren ansiedad, vamos a necesitar deshacernos de todos los prejuicios e ideas preconcebidas que tengamos respecto a este trastorno si de verdad queremos ser de ayuda para ellos. Además, otro paso que deberíamos tener en cuenta siempre es el de acudir a ayuda profesional. Alguien que pueda guiarles incluso mejor que nosotros con su gestión emocional, lo que les servirá de ayuda ahora, pero cuyos aprendizajes aprovecharán toda la vida.

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Sobre el autor

Marina Borràs
Marina Borràs
Cuando era pequeña me sentaba a diez centímetros de la televisión para ver las noticias todas las mañanas antes de ir al cole. Cuando crecí un poco, se dieron cuenta de que la razón por la que me acercaba tanto al televisor era porque necesitaba gafas, aunque yo prefiero pensar que por aquel entonces ya había encontrado mi pasión: de mayor quería ser periodista. Y así fue. Estudié periodismo y comunicación política, y sigo formándome en los temas que me apasionan: educación, igualdad de género y nuevas tecnologías.